Esta tendencia de "crianza lenta" propone no sobrecargar a los peques de actividades programadas favoreciendo el juego libre y espontáneo.

Ir a lo simple para frenar, derles un tiempo sin horarios para jueguen y descubran sus propios intereses lejos de las actividades dirigidas o competitivas. 

Este tipo de crianza ofrece varios beneficios:

Mas autonomía: Pueden decidir qué hacer, cómo hacerlo y por cuánto tiempo, sin depender de instrucciones contantes. 

Menos estrés y ansiedad: Espacios libres de presión ayudan al bienestar emocional. Los ayuda a regularse, a descubrirse, a construir su propia identidad en base a sus propios tiempos y elecciones.

Mas creatividad e imaginación: Sin estructura rígida, pueden inventar sus propios juegos o formas de entretenerse. Aquí, el aburrimiento es un gran aliado dado que los estimula a crear e imaginar para divertirse.

Más conexión genuina: Pasar tiempo de calidad juntos y poder conversar en actividades sencillas como cocinar o juntar juguetes, fortalece su seguridad y el vínculo con ellos. 

Cada niño tiene su propio ritmo... acompañemos desde el amor y la comprensión, brindemos ese espacio sin estructuras ni rigideces para que puedan explorar y ser ellos mismos sin límites.